POESÍA DE LA MARCA SUPERIOR
Cuando hablo de los poetas andalusíes, sorprende cuando cito que algunos de ellos nacieron en latitudes tan septentrionales como Tudela, Huesca o Lérida, pero así fue. Aunque estos territorios fueron conquistados por los cristianos mucho antes que el resto de al-Andalus, especialmente el sur de la península, no estuvieron exentos del influjo cultural andalusí y se cuentan, dentro de la denominada Marca Superior, más de cien literatos de los cuales cultivaron la poesía más de la mitad.
De ese total de autores, se conserva la poesía de treinta de ellos, los cuales están enumerados en este libro y de cuyas obras poéticas —numerosa en algunos casos— he seleccionado un verso para caligrafiarlo.
Los límites de la denominada Marca Superior, al-Ṯagr al-Aʿlà, comprendían aproximadamente parte de lo que fue la provincia romana y visigoda Tarraconense, desde el mar Mediterráneo y la cuenca del Ebro hasta la cuenca del Duero, de donde fueron originarios los poetas que he incluido en este libro.
No cabe duda del escaso conocimiento de todos estos autores, ya no es que hayan sido olvidados, sino que nunca se recordaron, pero ya es hora de acabar con esta opacidad, no se sabe si deliberadamente impuesta. Aquí están, fueron paisanos nuestros, nacidos en nuestra misma tierra, y debemos recordarles como se merecen.
PRÓLOGO
Bertolt Brecht en y posteriormente en Golpes Bajos nos recordaban que son Malos tiempos para la lírica. Y al igual que en la Alemania nazi, lo son en la actualidad. Tiempos donde la oscuridad parece rodearnos y paralizarnos ante el escenario de mediocridad que se nos presenta delante de nuestros ojos.
Frente al integrismo y la barbarie, algunos son los remedios que tenemos a nuestro alcance y, cómo no, uno de ellos es la poesía, capacidad que tiene el ser humano de manifestar la belleza a través de la palabra y que, con un exquisito sentimiento por lo estético, nos permite expresar nuestras más profundas emociones, experiencias e ideas. Y de eso mucho sabían nuestros antepasados andalusíes.
Cuando Paco confió en este servidor y me otorgó el privilegio de poder hacer este prólogo, pensé: ¿qué puedo decir yo acerca de la poesía, de mi querida y a veces no tanto Zaragoza, de lo sublime y de lo profundo? Acepté el reto por ser un honor y por ser un mandato heredado. De bien nacido es ser agradecido y de buen grado me vi abocado a aceptarlo y ponerlo en valor. Algo tendrá la capital maña que ha llevado a un hombre de su sensibilidad y buen hacer a rendir este homenaje a aquellos poetas que destacaron por estas tierras del norte.
Zaragoza siempre quiso ir a su aire y por ello alguna vez incluso fue castigada. En numerosas ocasiones mostró mucho más interés por lo que ocurría en el oriente islámico que por Córdoba y así lo manifestó abiertamente. Decimos Zaragoza, pero también aparecen en este trabajo poetas de Huesca, Albarracín, Tudela, etc. En definitiva, gentes del norte peninsular que estuvieron principalmente atraídos por el ambiente cultural que se propició en la época de la dinastía de los Banū Hūd, donde se respiraba poesía en cada rincón a orillas del Ebro.
En tiempos en los que mirar hacia delante se hace costoso, es bueno volver la vista atrás y recordar a aquellos que en su día nos dejaron su legado como una hermosa luz blanca, al igual que la tuvo la Madre de la Marca Superior, Madīna al-Baydāʾ, Saraqusṭa. Y es que esta ciudad, que representaba pura poesía, era descrita como una motita blanca, una perla en medio de un diamante. Blanca por sus muros y casas encaladas y por el verde de sus huertas, cuyos frutos eran por tan abundantes muy baratos. Con fama de no corromperse ningún alimento se decía que se podía encontrar trigo con más de cien años de antigüedad. Blanca y bendecida porque en nuestra ciudad no podían entrar escorpiones y serpientes y porque una luz emanaba de las tumbas de Ḥanaš ibn ʿAbd Allāh al Ṣanʿānī y ʿAlī ibn Rabāḥ Lajmī, musulmanes de la segunda generación que habrían llegado allá por el a estos confines de Iberia.
La historia como la vida tiene sus ciclos y antes de que llegara la rigidez, el dogmatismo y la uniformidad se construyó el maravilloso Palacio de la Alegría, donde Abū Yaʿfar al-Muqtadir desafió a al-Muʿtamid de Sevilla dando cobijo a su peor enemigo el poeta Ibn ʿAmmār.
Zaragoza fue mucho más que una urbe, capaz de albergar a filósofos y artistas que venían huyendo de tierras del sur. Escribía Ibn Darrāŷ al-Qasṭalli, poeta del siglo xi sobre Zaragoza «…allí se veían escribanos, poetas, sabios, como en todas partes, pero un poco más que en todas partes».
No es de extrañar que en estas latitudes con un clima extremo que imprime y moldea nuestro carácter naciera Abū Bakr al-Ŷazzār al-Saraqusṭī, carnicero de profesión, el cual adquirió renombre con al-Muʾtaman, pero que cansado de esa vida llena de lujos y placeres decidió volver a su antigua profesión. La poesía es hermana de la música y no podía faltar a la fiesta Ibn Bāŷŷa, del que se dice que recopiló la nuba, que actualmente algunos tararean en partidos de fútbol y mítines políticos.
Poco más que añadir, solo animar al lector a acercarse a conocer el pasado andalusí en Aragón, en este caso de la mano del trabajo de Paco Fernández, que a través de esta recopilación y su hermosa caligrafía nos transporta a tiempos que en realidad nunca fueron tan malos para la lírica y la belleza.
Eduardo Solanas
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